¿Qué es la corrupción?

¿Qué es la corrupción?

Según Transparencia Internacional (2016), la corrupción es definida como el abuso del poder para obtener una ganancia privada. Se conoce según este mismo organismo que hay diferentes niveles de corrupción en función de las cantidades de dinero implicadas y el sector social en el que ocurren. El primer tipo se denomina la corrupción grande, en la que se agrupan los actos corruptos de alto nivel en el Gobierno que distorsionan las leyes o el funcionamiento del Estado, y dichas leyes a su vez habilitan a los funcionarios para usufructuarse de los bienes públicos. En segundo lugar, la corrupción simple, que se refiere a los abusos que ocurren en la vida cotidiana entre quienes tienen poco o mediano poder público y los ciudadanos comunes. Estos abusos ocurren cuando las personas tratan de acceder a servicios básicos como los hospitales, las escuelas o la policía (entre otros). Finalmente, la corrupción política se refiere a un tipo de manipulación de las leyes, las instituciones y las reglas para distribuir los recursos y la financiación de quienes toman las decisiones políticas, quienes abusan de su posición para mantener su poder, su estatus y su propia riqueza. Desde una perspectiva más moderna, Osoba (1996) define la corrupción como una forma de conducta antisocial de un individuo o de su grupo, quien o quienes confieren beneficios de manera fraudulenta o injusta a otros. Su comportamiento no es consistente con las leyes y normas establecidas, sin embargo, es coherente con otra forma de ethos en la que se considera que se debe subvertir o minimizar la capacidad de las autoridades legítimas para suplir las necesidades, distribuir o proveer los recursos y los bienes de manera justa y equitativa a todos los miembros de la sociedad.

Consecuencias de la Corrupción

Las consecuencias de la corrupción son graves en muchos de los casos, y se pueden observar principalmente en cuatro áreas: política, económica, social y ambiental. En primer lugar, en el caso de las consecuencias políticas, la corrupción es un obstáculo para la democracia, puesto que ataca directamente al corazón de las instituciones: a su legitimidad y al desarrollo del liderazgo político (Beramendi y Zubieta, 2012). En segundo lugar, y en relación con las consecuencias sobre la economía, los actos de corrupción agotan las riquezas de las naciones, puesto que quienes ejecutan estas acciones buscan dirigir las inversiones de los recursos públicos a proyectos que finalmente beneficiarán más a sus propios bolsillos que a los ciudadanos comunes. Por ejemplo, para un grupo de líderes políticos podría resultar más beneficioso y prioritario invertir en minería que en escuelas, hospitales y carreteras. En tercer lugar, la corrupción afecta la esfera social puesto que mina la credibilidad de las personas hacia los sistemas, las instituciones y los líderes, dificultando adicionalmente la construcción y posterior establecimiento de una cultura de paz (Barreto, Borja, Serrano y López-López, 2009). En cuarto lugar, los daños al ambiente se hacen evidentes cuando los sistemas corruptos permiten la degradación de los recursos naturales, su explotación indiscriminada y en general daños ambientales irreversibles (Transparencia Internacional, 2016).

Posibles causas de la Corrupción

Sobre las posibles causas de la corrupción se han observado algunos factores histórico-culturales, geográficos, políticos, económicos y sociodemográficos que podrían ser predictores de su aparición. En cuanto a los factores histórico-culturales, Goel y Nelson (2010) han observado que en los países recientemente independizados, sus instituciones estatales (que también están en vía de desarrollo) son más vulnerables a la corrupción en comparación con entidades de países desarrollados que han creado instituciones que logran controlar la corrupción. Esto se da principalmente porque en las naciones en vía de desarrollo no existen los mecanismos necesarios para controlar la corrupción e incluso algunas de sus formas pueden concebirse como comportamientos normales dentro de la misma cultura. Otro factor asociado a la corrupción es el grado de privatización de las instituciones (esto a su vez es bastante común en los países recientemente independizados), que crea un contexto favorable para la aparición y la aceptación de los sobornos.

Dentro de los factores geográficos que pueden estar relacionados con la corrupción se ha observado que los países con áreas geográficas grandes, poco urbanizados, con muchos recursos naturales y dificultades de comunicación (o conexión) entre los Gobiernos locales y los nacionales, presentan mayores niveles de corrupción. Esto ocurre principalmente por la dificultad que tienen los Gobiernos para establecer medidas de vigilancia y de control. Adicional a ello, cuando las poblaciones no se encuentran concentradas en un solo lugar, la probabilidad de ser descubiertos y denunciados es menor, puesto que no hay suficientes observadores de las acciones corruptas (Transparencia Internacional, 2016).

Otros factores para la corrupción

Otros factores tales como la tradición jurídica, la religión dominante, el modelo colonizador y la fragmentación étnica, cultural o lingüística, también están relacionados con la corrupción. Por ejemplo, algunos estudios han hallado que las tradiciones religiosas son un factor legitimador de la corrupción, debido a las relaciones de lealtad que surgen entre sus miembros, es decir, que las sociedades más religiosas son más tolerantes con las prácticas corruptas realizadas por sus compañeros de grupo (Alonso y Mulas-Granados, 2011).

Lo político y la corrupción

En cuanto a lo político, se ha considerado la democracia como elemento preventivo de la corrupción (Gómez y Manrique, 2014). Según algunos estudios (Sandholtz y Koetzle, 2000, Chowdhury, 2004 and Emerson, 2006), en los países democráticos existe una representación de diversos intereses, por lo que hay una menor posibilidad de buscar el beneficio personal. Los medios de comunicación no están censurados y eso permite tanto la vigilancia de los entes públicos como el ejercicio de una presión social en contra de acciones corruptas. No obstante, lo que determina que haya un control sobre la corrupción es el sistema legal. Si el sistema es débil, se incrementan las probabilidades de corrupción, pues no se garantizan penalizaciones (Alonso y Mulas-Granados, 2011).

Algunas características sociodemográficas han sido relacionadas tanto con los actos de corrupción como con las actitudes frente a los mismos. Por ejemplo, estudios como el de Esarey y Chirillo (2013) y Olin (2013) muestran que hay una relación entre la percepción de la corrupción y el género. Por una parte, las personas sienten mayor confianza cuando los recursos son administrados por mujeres (porque al parecer no son tan susceptibles de cometer actos corruptos) y, por otra parte, si los ejecutan son más fuertemente castigadas que los hombres. También se sabe que las mujeres son más o menos vulnerables a la corrupción en relación con el sistema político del país (democrático o autocrático). En los Gobiernos democráticos las mujeres critican más fuertemente la corrupción que en los Gobiernos autocráticos. Por ejemplo, países como México (Moore, 1999) y Bolivia implementaron como estrategia anticorrupción la inclusión de mujeres en lugares de poder, y dicha estrategia resultó efectiva (Katzman y Roza, 2016). Algunos investigadores atribuyeron este resultado a los sistemas patriarcales, en los que la expectativa sobre el comportamiento de las mujeres y la consideración de una fuerte diferencia entre los dos sexos hace que las mujeres mismas consideren que en ellas los actos corruptos son más reprochables que en los hombres, y por ello se abstienen. En este mismo sentido, las mujeres consideran menos aceptable la corrupción (Truex, 2011).

Otra variable sociodemográfica que se ha estudiado en relación con las actitudes frente a la corrupción es el nivel educativo. Sobre ello se conoce que en la medida en que las personas tienen mayores niveles de ilustración consideran la corrupción menos aceptable, sin que ello quiera decir que quienes son más educados cometan menos actos de corrupción. Por ejemplo, quienes han alcanzado niveles de estudio universitarios, en comparación con quienes apenas han cursado la educación elemental, expresan que es muy inaceptable recibir sobornos, en contraste con quienes tienen menos educación, a quienes esta acción les parece más aceptable. En general, quienes tienen muy bajos niveles de educación solo consideran medianamente inaceptable dar un soborno para obtener un beneficio o recibir un contrato privado. Estos hallazgos son consistentes en diversos países, e indicarían que la educación de los ciudadanos también podría ser un factor preventivo de los casos de corrupción (Truex, 2011).

Yo No Muerdo es una iniciativa global que su objetivo es lograr erradicar la corrupción a través de un compromiso personal a no ser participe de ningún acto de corrupción. Podéis firmar el compromiso en: Yo No Muerdo Compromiso contra la Corrupción

Consulta el Texto Original en: http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S113205591630028X

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